martes, 2 de diciembre de 2014

Poder.

Una de las características de la maldad en relación a nosotros, es que hemos aprendido a convivir con ella, a permitir que nos abrace y se nos introduzca en el corazón de cuando en cuando, causando estragos en nuestras vidas, pero aún así, no preguntándonos el por qué de su llegada y cómo combatirla y destruirla de raíz, a pesar de no saber, intentamos confrontarnos con ella con todo nuestro esfuerzo. En esas escaramuzas luchamos contra ella cuando observamos las consecuencias que la misma genera, luchamos, sí, mas en vano. Pues la herramienta que utilizamos para hacerlo no es más que su hija, el poder, nacido de la pretensión de control sobre los hombres. Concebimos al mismo como algo bueno, a diferencia de la maldad, si sus consecuencias son buenas, y por ello olvidamos que su origen es el mismo que el de aquella maldad que trastorna nuestro espíritu.

Tras esta primera reflexión, pasemos al análisis del concepto. ¿Qué es el poder? El poder es una idea cuya praxis dota a los hombres de la capacidad de alzarse sobre los demás e imponerse a ellos. Es, por definición, la mayor expresión de ausencia de libertad en la interacción entre los individuos, y por lo tanto, puedo afirmar que se trata de una de las ideas más nocivas que se han introducido en nuestras sociedades.

 El nacimiento del poder sólo puede darse en un contexto en el que la maldad impere, ya que el poder nace como control de la maldad; es la herramienta encargada de reprimir a los malvados mediante la imposición, la obligación violenta, la sumisión y la disciplina. Sólo el poder puede combatir a la maldad en su mismo terreno, pues los dos forman parte de la misma idea; imposición, violencia, represión, autoridad, jerarquías...
Si observamos el contexto actual, el poder es visto como una virtud de las sociedades, delegamos todas nuestras elecciones en él e imposibilitamos nuestra capacidad de ser libres con ello, tomamos el poder y se lo otorgamos a unas minorías que, habiéndose convertido en privilegiados, lo utilizan en pos de sí mismos o de quien ellos mismos consideren. Se dice que un gran poder conlleva una gran responsabilidad, se dice que sin su existencia no seríamos capaces de organizarnos, pero, ¿Tan estúpidos somos que sólo mediante las imposiciones de otros nos movemos? ¿Tan indefensos nos encontramos como para funcionar únicamente por direcciones de los otros? Un gran poder conlleva una gran responsabilidad, cierto es, pero esto no significa que el hecho de ser responsables mientras poseemos poder sea algo bueno, pues sólo el hecho mismo de poseer poder es algo nocivo en la sociedad.
Además, se nos presenta un dilema que los anarquistas hemos planteado siempre: ya que no existe ser sobre la faz de la tierra que ostente unas características tan perfectas como para imponerse responsablemente sobre los otros y verse en una posición tan elevada que sea correcta su función de ordenar a los otros lo que han de hacer, impidiendo siquiera que los otros se pregunten por sí mismos qué es lo que harían en unas condiciones en las que no fueran seres que obedecen, y por tanto, seres que se dirigen a sí mismos ateniéndose únicamente a su voluntad, serían naturalmente estos últimos los únicos que, entendiendo esta lógica, pudieran existir en cualquier sociedad sana. Concibiendo el concepto de sociedad sana como la agrupación armoniosa de individuos cuya principal característica no fuera otra más que el hecho de evitar confrontaciones, y por lo tanto, una sociedad carente de actos antisociales.


A aquellos que afirman que la interpretación del poder depende de cuáles son sus intenciones les digo: puede hacerse una analogía muy cierta sobre el concepto de poder con el concepto de arma. Un arma puede ser utilizada para matar a tus enemigos, y esto sería bien visto por tus amigos, un arma podría ser utilizada para defender a la patria, y sería bien visto por tus compatriotas, un arma podría ser utilizada para salvar a unos niños de un violador, y sería bien visto por la inmensa mayoría que considera tales actos como algo intolerable, pero un arma es un arma, y nunca, jamás, podría ser utilizada para salvar a los otros, pues la naturaleza de esta es aniquilar, es dañar, matar, exterminar. Eso es un arma, y eso es el poder. Cabría decir también que un arma utilizada con motivo disuasorio no causaría daño alguno (al menos demasiado grave), pero si reflexionamos bien sobre esta cuestión, pronto nos persuadiríamos de que lo único que cambiaría en tal caso sería que se ha tomado el miedo natural que causa en todos los individuos, y se ha utilizado para lograr esa función, pero al fin y al cabo, la razón real por la que ésta misma tiene esa capacidad disuasoria, no es más que el miedo a lo que representaría su utilización real. Es tal la fuerza que posee un arma para manipular nuestro miedo, que sólo el simple hecho de vernos apuntados con una pistola permitiría al que apunta hacer de nosotros lo que le viniera en gana, y esto mismo ocurre con el poder; son tan graves y diversas las consecuencias que se dan ante cualquier acto contrario al mismo, que sólo el hecho de verse representado por una de sus principales herramientas, la autoridad, resulta ser motivo suficiente como para impedir que nos desenvolvamos en tanto a nuestra esencia (cita requerida).
El poder podría ser utilizado para organizar miles de fábricas que abastecieran a África de sustento, pero aún así, el método utilizado sería la sumisión, aunque la voluntad de los trabajadores y las órdenes confluyeran, los métodos permanecerían siendo los incorrectos. Ya que los trabajadores de cada fábrica se verían forzados a ello, no existiría ese único factor al que denominamos esencia, que es la máxima garantía de libertad en los hombres. Por lo que esa ayuda, al no ser voluntaria íntegramente por estar controlada por otros, no sería real en sí misma, ya que sólo los actos libres son los verdaderos. (cita requerida)

Pero del mismo modo en el que he explicado la toxicidad del poder en las sociedades incluso sometiéndolo a cualquier interpretación, también podríamos preguntarnos lo siguiente: ¿Por qué si el poder es algo tan nocivo, se acepta en nuestra sociedad?

En primer lugar, para un mayor entendimiento de esta respuesta, se debe explicar el funcionamiento del poder llevado a la práctica, así que procedo a ello.
La funcionalidad del poder se debe a varios factores, aunque el principal de ellos no es otro más que la sumisión; sin la existencia de seres dispuestos a ser sometidos, el poder no tiene sentido, ya que es necesario que una gran cantidad de individuos acepten tanto que a una persona como a una minoría se la conciba como superior, basándose únicamente en el pacto de los sometidos para aceptarlo. Por lo tanto, es necesario afirmar que el poder pierde funcionalidad en tanto más personas lo posean, pues cuantos más individuos formen parte de los opresores, menos sometidos que mantengan esta estructura de poder existirán. Conociendo esto, podemos determinar que la clave que permite la existencia del poder en nuestras sociedades no es otra más que la existencia de personas dispuestas a ser sometidas, y tanto menos personas estén dispuestas a ello, tanto menos funcionalidad encontraremos en el concepto de poder.

El origen del poder en la sociedad es debido a que nosotros mismos concebimos a los seres humanos como entes naturalmente codiciosos, violentos, opresores... Y tomando por bandera nuestra estupidez, creamos estructuras que, mediante esos defectos (supuestamente) naturales, intentan controlar ese comportamiento antisocial nuestro. Básicamente pretendemos combatir una supuesta naturaleza que tiende a la maldad, con estructuras que derivan de la misma. Y creo sinceramente que la obsolescencia de este razonamiento no ha de ser explicada.
La aceptación del poder en la sociedad se sustenta principalmente sobre un pilar fundamental y natural en todos nosotros: el miedo. Es este defecto el que permite que, a pesar de conocer la toxicidad del poder, continuamos permitiendo su existencia en todas nuestras relaciones. (Omito que además del miedo a las consecuencias que el poder nos presenta, éste mismo sustenta su perpetuación en el conformismo de la masa y el enfoque de ese mismo miedo hacia la idea de liberación misma, tanto personal como social)

Pero, ya que hemos hablado acerca de los factores de los que depende la funcionalidad del poder, hablemos también de lo que conocemos como dictadura del proletariado, que vendría a ser nada más y nada menos, que la detentación del poder por parte de una mayoría, cosa que, conociendo uno de los factores principales que permiten el buen funcionamiento de las relaciones de poder, y que además, acabo de explicar, resulta ser un absurdo. Pues si la funcionalidad del poder depende del número de personas que lo posean, es decir, tanto menos personas que concentren el poder, mayor funcionalidad del mismo, no podríamos dar por buena una sociedad en la que el poder fuera ostentado por muchos, ya que perdería su funcionalidad como tal. Y qué menos que decir que el propio concepto de dictadura del proletariado es un oxímoron; una completa contradicción en sí mismo, ya que si tratamos la definición de dictadura, ésta nos explica que hablamos de la máxima concentración del poder, es decir, es un solo individuo el que lo ostenta, mientras que si hablamos de la dictadura del proletariado, es una mayoría la que lo ostenta, cosa absurda por dos motivos:

-Tanto más personas posean el poder, tanto menos funcionalidad tiene éste.

-Tanto más personas se puedan concebir como opresoras, menos personas se podrán concebir como oprimidas, y por tanto, menor funcionalidad aún.

Por lo que es correcto afirmar que la destrucción del poder sólo puede darse mediante la difusión del mismo entre todos los individuos de la sociedad, siendo capaces de concebirse éstos, no como opresores, sino como entes capaces de dar y recibir en todo momento, sin que exista obligación alguna de hacerlo. Seres movidos por su propia voluntad y motores de ella misma con respecto a los otros. Seres libres que, naturalmente, no pretendan imponerse a los otros y que, por lo tanto, no necesiten de ninguna estructura externa que los regule, pues ellos mismos se regulan para sí y para con los demás.
El hecho de que el poder se difunda entre todos los individuos no implica su permanencia en la sociedad, es decir, no implica que continúe existiendo, trataríamos esa pequeña porción que cada individuo toma para sí mismo, como una auto-afirmación del yo en relación a la sociedad, lo que derivaría en una parte individualista necesaria dentro de un conjunto, pues sin ésta volveríamos a la misma espiral de tiempos pretéritos en la que los individuos sólo representaban una pieza más del engranaje que la misma sociedad (basada en las relaciones de poder) elegía al gusto.

En resumen, la única acepción que acepto dentro del concepto "poder" es la que se refiere a la capacidad de realizar algo, siendo este algo elegido voluntariamente, y por ende, constituyéndose a sí mismo como la esencia que emana del interior de cada ser.

Un arma es un arma.

Bakunin:

sábado, 29 de noviembre de 2014

Nocturno.


Hoy vengo a contar historias de un anochecer
un cielo oscuro y negro en que te has de perder.
Inmensa agonía que sufre el que mira las nubes
que por no verse creía nunca hallar el renacer.

Vástagos de las tinieblas vinieron a persuadirle
pero él, fuerte y valiente, luchaba.
Encendióse el ser que albergaba
y todo vio resplandecer,
como la intensa miradada de un amor que no pudo ser.

Mansas palabras manchadas 
relajaban su pensar: 
vestigios de un alma atada
a lo que ya no podía ver.

Y en sus caricias notaba llana y simple remembranza
de tiempos en los que azuzaba su amor a ultranza.

No se asuste, caballero, ella marcha, ya se va
algún día en un futuro pensaré en su fragancia,
en como en tiempos pasados se terminó mi esperanza.

martes, 18 de noviembre de 2014

Lo más importante.

He de decir que este texto no se trata de uno de esos ensayos, poemas o simples conjuntos de palabras que al unirse todas entre sí, crean algo único. No, se trata de algo más personal, algo que, además de permanecer pegado a mi alma como si ya formara parte del mismo, me ayuda a rendirme a la felicidad, o por lo contrario, sucumbir ante la miseria y la desesperación más baja que un espíritu en condiciones estables, pudiera imaginar.
En estas últimas semanas, he sufrido de algo que no sabría describir demasiado bien, pero se trata de una sensación en la que uno se lanza a un infinito océano dentro de sí, y donde vive aletargado y confundido, sin poder pensar de manera correcta, sin ser capaz de realizar análisis, perdiendo absolutamente todas las facultades.
He de decir que esta situación ha sido de lo más desagradable, pues para mí, lo más importante en mi vida es esto, esto mismo que lees, contar mis pensamientos, mis verdades o mis falsedades, mi yo, mi ser interior, mi vida misma constatada en estas letras, y siento que no puedo vivir sin esto, sin las alegrías que me da compartir mis pensamientos con los otros, que existan personas cuyas ideas me fulminen e iluminen mi alma, que debatamos juntos sin parar, que diversifiquemos las maneras de concebir esta bendición de realidad que se nos ha presentado. Por un momento, por muchos momentos, pensé que no podría volver a estar aquí, que todo había acabado, y con ello el flujo de mi vida iba deslizándose por un hueco muy hondo, pero muy fino a la vez. Sólo el hecho de plantearme no volver aquí, de pensar siquiera en no pensar...

Como bien decía Cortázar: "La palabras no alcanzan cuando lo que hay que decir desborda el alma." Y otorgándole toda la razón, yo digo, cierto que es las palabras no alcanzan a describir lo que yo siento al recibir halagos, al ver cómo unos me preguntan, al ver como otros me detestan, pues no conocen argumentos que me rebatan (cosa que no significa que no existan). Pero también es cierto que todo aquello que mis palabras puedan alcanzar se hallará escrito, lo juro.

Nunca me planteé el llegar hasta aquí, hasta este momento, escribiendo entre lágrimas de agradecimiento y temor por volver al lugar en el que no conozco nada, pero aseguro que este no es el final, la esperanza que alberga mi alma es suficiente como para derribar y construir el universo entero, incluso si aceptáramos que este fuera eterno, y ni la mente más rota y muerta, aunque ella sea la mía, terminará por destruir mi inmenso amor por vosotros, pues esto, esto que aquí leéis es vuestro, es lo mío, lo más hondo, para ti, para vosotros.

Quiero de veras concebir esto como un punto de inflexión, punto que mi novela sufrirá en unas cuantas páginas más, momento decisivo en el que el camello se convierte para siempre en niño, y crece sano y fuerte, cual roble cubierto de nieve helada. No volveré a caer, lo juro, volveré a transcribir mi alma en estas letras, volveré a hacerlo, ya que sin esto, sin vosotros, sin ti,

yo no soy nada.



domingo, 19 de octubre de 2014

La naturaleza del ser humano: bondad y maldad.

Antes de comenzar con el desarrollo de esta idea, quiero decir que lo que aquí hay escrito es fruto de mucho tiempo de reflexión y maduración de ideas diversas, y que siento un gran orgullo por traeros esta reflexión para que todos podáis conocerla. Para una buena comprensión de este escrito se debe entender a la perfección una clave fundamental; no habrá capacidad de comprensión sin el hecho mismo de despojarse de todos los prejuicios, reflexiones, pensamientos, etc, que se hayan cimentado sobre las bases de nuestro desarrollo como humanos. ¿Por qué? La respuesta es sencilla; la historia misma del ser humano se trata definitivamente del análisis del desarrollo de una conducta humana que se desvía de su propia naturaleza, por ende, cualquier análisis que se realice erigiéndose bajo los cimientos de nuestra historia, se verá obligado necesariamente a tener que concebirse como una falacia. Antes de que se me acuse, tengo que decir algo que considero una verdad: El comportamiento de un ser humano no determina su naturaleza, sino sus acciones dentro de un entorno de estímulos. Una reacción es el fruto de un estímulo, siendo éste el árbol que las hace crecer. Por lo tanto, si analizamos la naturaleza humana no debemos confundirnos de árbol, tenemos que atenernos al humano mismo como ente individual, separarlo de todo estímulo y de toda reacción, y analizar sus tendencias naturales, que al fin y al cabo, deben ser concebidas como las evidencias que nos permiten hallar esta idea de naturaleza humana. Asimismo, podemos afirmar que sus tendencias naturales tienen que ver, de forma axiomática, con lo que trataremos en este escrito como naturaleza terrenal. La naturaleza terrenal es aquella que ordena todo lo que existe en el universo, es la que establece un entorno cuyas características hacen posible el nacimiento de los demás entes activos a los que nosotros pertenecemos, y que además, denominamos: seres vivos. Por lo tanto, por el hecho de ser producto de esa naturaleza terrenal, nos hallamos ligados a ella de forma inmutable.

Con esto quiero decir que todas las pruebas de nuestra supuesta naturaleza malvada, se basan en una consecuencia, una reacción, y que por lo tanto, no basándose en un ente natural del propio humano, no pueden tomarse como ciertas. Esto podría explicarse de manera más inteligible con una metáfora:
Si imaginamos un manzano, podemos determinar que la naturaleza de éste, es decir, su tendencia activa dentro de un entorno estable (tierra firme, agua suficiente, nutrientes que permiten su crecimiento), es la de producir manzanas. Sin embargo, observamos que algunas de estas manzanas caen al suelo por su propio peso, e incluso puede ocurrir que se partan las ramas de un manzano joven, al producir éste de forma natural, más manzanas de lo que sus ramas pueden soportar.
¿Qué es lo que esto implica? La naturaleza de un manzano es la de producir manzanas (ateniéndose siempre a su proceso de crecimiento), pero el hecho de que algunas de ellas caigan al suelo, no significa que su naturaleza sea la responsable. Es decir, las manzanas no caen por la propia naturaleza del manzano, sino por el peso excesivo de esas manzanas, que no tiene ninguna relación con el hecho de producirlas. Es decir, las manzanas caen como reacción ante su mismo peso, pero no como reacción a la naturaleza del árbol de producirlas. Pues la naturaleza no precisa de estímulos que no pertenezcan más allá de lo que la tierra y el agua puedan proporcionarle (dentro de la misma metáfora: un manzano). El hecho de que las manzanas producidas posean ese peso mayor no tiene que ver con su naturaleza, sino con la abundancia de nutrientes proporcionados por el entorno, el hecho mismo de que las manzanas caigan, no significa necesariamente algo malo; es producido por un exceso de nutrientes, pero no es producido por la naturaleza del manzano. (Si hiciéramos una analogía con el ser humano, podríamos decir que la abundancia de nutrientes, además de generar bondad natural, ya que la estabilidad es el objeto de nuestra naturaleza, genera también el hecho de producir creaciones innecesarias, que es lo que nosotros denominamos arte).
Dentro del espectro comprendido entre naturaleza terrenal y sus creaciones, los estímulos son los que la naturaleza terrenal ofrece, (tratando de estímulo a aquello que tiene como empresa cubrir nuestras necesidades fisiológicas), y las reacciones son los seres vivos que a su vez, gestan una naturaleza propia ateniéndose a la terrenal; cada ser vivo posee una naturaleza propia que se atiene al concepto de naturaleza terrenal. (Ya que la naturaleza terrenal es su creadora) Y si tratamos la naturaleza propia del ser humano, podemos afirmar que éste ha sido dotado de la capacidad de estabilizar en su beneficio, y en el de todos los demás seres vivos, lo que anteriormente hemos denominado como naturaleza terrenal. Es decir, si acoplamos a la metáfora anterior el concepto de ser humano, concebiríamos a este como el ser que, consciente de cómo funciona la naturaleza terrenal, actúa de forma en que esta no se sobrepase, siendo capaz de controlarla y, además, beneficiándose de ello. Es decir: El papel que tomaría el ser humano en la metáfora sería el de protector del manzano a través de su conocimiento, y su procedimiento sería el de tomar las manzanas antes de que caigan y cuidar de que no se acumulen demasiadas en una rama para que ésta no se resquebraje y se rompa. En este sentido, podemos tomar al ser humano como ente activo que tiene como fin controlar los excesos de la propia naturaleza terrenal, y estabilizarlos, y como recompensa, la propia naturaleza terrenal le otorga los estímulos (frutos) que cubren sus necesidades fisiológicas, y que cubriéndolas, le permiten continuar su desarrollo.
Lo que quiero decir con esto es que la naturaleza terrenal no tiene como fin un entorno estable, se trata de una bestia salvaje que intenta ser domada por el propio ser humano, puesto que, la naturaleza del ser humano es precisamente la de domar a esa bestia en beneficio de todos los seres vivos, y por lo tanto, generar un entorno estable por sí mismo.

Tras establecer las bases de lo que llamamos naturaleza pasaremos a concretar y profundizar en la naturaleza del ser humano en relación con su bondad y su maldad. Para ello, debemos hacernos la siguiente pregunta, ¿Qué es lo bueno y qué es lo malo?
Bien, para desarrollar esta estabilidad en la naturaleza terrenal anteriormente mencionada, el ser humano necesita naturalmente a sus congéneres, por lo que nos vemos obligados a afirmar que el ser humano es social por naturaleza. Una sociedad, es decir, un conjunto de humanos, se hallará estable en tanto a las necesidades que se hayan visto cubiertas, y esto tiene relación con lo anteriormente mencionado; si el ser humano no desarrolla su naturaleza, que es la de generar estabilidad en la naturaleza terrenal, sus sociedades no podrán prosperar sin las recompensas de la naturaleza terrenal que permiten cubrir sus necesidades fisiológicas, y por lo tanto, sus sociedades no podrán desarrollarse sin que en ellas no se hallen casos de actos antisociales. A lo que me refiero es a que en el momento en el que el ser humano se ve en una situación de escasez generada en gran parte por no producir por sí mismo (refiriéndome a la agricultura como medio de hallar alimento, y además, cumplir una de las necesidades naturales de las plantas, tales como su difusión por toda la tierra; su reproducción mediante las semillas, que nosotros controlamos mediante los dotes otorgados por la naturaleza terrenal: inteligencia), nos vemos envueltos en un desarrollo hacia lo antinatural, lo que produce a su vez actos antinaturales dentro de otro espectro más complejo en el ser humano, que denominamos sociedad. Es decir, los actos antisociales son la consecuencia de la escasez, y a su vez, ésta es consecuencia en gran parte de actos antinaturales para con la naturaleza terrenal. Pero estos actos antinaturales se ven influenciados completamente por la escasez misma de recursos, lo que generaría la escasez producida únicamente por la naturaleza terrenal (en el caso de la agricultura, esto sería equiparable a la falta de semillas), de la que sólo puede salirse mediante la cooperación y el apoyo mutuo, pero éstas virtudes nunca se dan en el ser humano en tales momentos, sino todo lo contrario. Nacen de la necesidad y la escasez los malos sentimientos: el egoísmo y su residuo llamado avaricia, y además, la venganza.
En resumen, todos los actos antisociales se deben a una escasez en el entorno, y ésta escasez en el entorno es producida a su vez por esa bestia salvaje y cambiante que hemos llamado naturaleza terrenal.
Al producirse un choque entre nuestra tendencia a la estabilidad (todas las necesidades cubiertas), y lo que la naturaleza terrenal nos otorga, nosotros mismos nos comportamos de manera contraria a como tendemos a hacerlo, y a esto lo denominamos actos antinaturales, y por ende, antisociales.
Lo que nos permite llegar a la conclusión de que si nosotros mismos domamos a esa naturaleza y creamos un entorno en el que no exista la escasez, nuestra naturaleza social volverá a salir a flote y no se cometerán actos antisociales. (Aunque puede que existan casos muy concretos y, por qué no: descabellados, en los que esto no ocurra, ya que nuestra inteligencia es muy compleja) Por lo que podemos llegar a la conclusión de que actualmente, habiendo creado métodos de producción inmensos, el hecho de que se produzcan actos antinaturales,  es absurdo, y por lo tanto, no puede ser consecuencia de la escasez. Así que pasaremos a una explicación de mayor profundidad de los conceptos, teniendo ya en cuenta su desarrollo y despojándonos de su relación con la naturaleza humana que ya ha sido explicada, lo que nos permitirá un análisis más preciso y cierto.

Dicho esto, comenzaremos con la explicación de los conceptos de bondad y maldad.
Ya que hemos dejado claro que el ser humano es social por naturaleza, es precisamente desde este punto del que debemos partir para discernir qué es lo bueno y qué es lo malo. Todo lo bueno se caracteriza por generar, directa o indirectamente, una ayuda al otro o a la naturaleza misma. Además de esto, lo bueno se caracteriza por respetar la naturaleza de los otros seres vivos, y además, en el caso de los seres humanos, por respetar la voluntad y libertad de sus congéneres.
La bondad es la praxis de la naturaleza del ser humano, lo que quiere decir que éste tiende a ella. Como ya hemos explicado antes, el ser humano tiende a la estabilidad, y como medio de ella, doma a esa naturaleza terrenal. La bondad del ser humano se desarrolla dentro de esa estabilidad a la que él mismo tiende naturalmente, por lo que puedo afirmar sin miedo a equivocarme que la bondad pertenece naturalmente al ser humano. Puesto que si la bondad sólo es capaz de desarrollarse en la estabilidad a la que tiende naturalmente, y además con un sólo ápice de esta, nos encontramos ante actos bondadosos, sería una necedad afirmar lo contrario. Si halláramos casos en los que, habiendo estabilidad, encontráramos actos antisociales podríamos explicarlos de otra manera. (Esta manera la explicaré cuando me refiera al concepto de maldad) Además, otra de las características de la bondad es que, ya que se desarrolla naturalmente, este progreso representaría el desarrollo mismo de una sociedad en completa libertad, lo que refutaría aquellas teorías que pretenden colocar cadenas al ser humano bajo la premisa de que éste es un animal salvaje que intenta imponerse a los demás.

Habiendo explicado brevemente el concepto de bondad, pasaremos a analizar la maldad y sus características, ya que este es el verdadero reto.
La maldad tiene dos formas de originarse, una de ellas es la anteriormente explicada: la escasez tanto material como mental, que genera egoísmo o deseo incontrolable que nunca se halla saciado, la otra se basa en esa característica innata que todos, como seres humanos, poseemos: la capacidad de aprendizaje.

Podríamos referirnos en mayor medida a la primera forma como la que originó la maldad humana, y a la segunda como la que permite que ésta perdure en la sociedad. Por lo tanto, el desarrollo de la maldad en términos históricos actuales es debido a nuestra capacidad para aprender la maldad.
Una de las características más importantes de la maldad es que es capaz de extenderse muy rápidamente; si imaginamos un mundo donde existe la bondad, y por el motivo que sea, se da un caso de maldad, este caso se intentará igualar mediante otro acto de maldad, lo que originará una espiral cuya magnitud permanecerá en constante aumento. El acto del que hablo (el que pretende igualar) se basa en la lógica del intercambio equivalente, pero normalmente suele ocurrir que el que pretende hacer sufrir el mismo dolor a aquél que actuó de la misma manera en un pretérito, pretende también dar una lección al primer sujeto, por lo que tiende a proporcionar un sufrimiento mayor. Denominamos a este proceso venganza, y es uno de los factores de mayor trascendencia en la transmisión de la maldad hacia los demás. Cuando se habla de venganza siempre nos asalta a la mente el mismo refrán: "La venganza se sirve en plato frío." Esto nos revela de manera muy clara e inteligible cómo debemos concebir este concepto.

Una buena metáfora para explicar la espiral creciente de la maldad a la que me refiero sería la siguiente:
Imaginemos un recipiente en el que introducimos agua, tras hacerlo tomamos otro recipiente lleno de tinta y lo vertemos también dentro de este recipiente. ¿Qué es lo que ocurre? El agua, y su naturaleza transparente, se convierte en un líquido cuya oscuridad aumenta en tanto a la tinta que se le vierta. Al contrario de lo que ocurre con la venganza, ésta tinta no se trata de un ente vivo, es decir, algo que interactúa con el agua haciéndola oscurecer aún más, pero sí que nos aporta una idea sobre lo que la maldad produce en toda una sociedad; oscurece la naturaleza de todos los corazones nada más aparecer.

Todas estas reflexiones pueden llevarnos a una conclusión acerca de cómo se desarrollan estos caminos, tanto el bondadoso como el malvado. Si bien he dicho ya que tendemos a la bondad, también he de decir que su desarrollo no nace por sí sólo, sino que es necesario que se practique, aunque esto no debería representar ninguna dificultad, pues en el entorno estable al que tendemos, y sin cadena alguna que nos ate, es decir, en completa libertad, podríamos desarrollar esta naturaleza bondadosa sin ninguna reticencia. Pero lo que ocurre es que tanto más avanzamos en esta desviación atípica de nuestra propia naturaleza verdadera, tanto más complicado resulta retornar a nosotros mismos.
En el camino malvado ocurre lo mismo; el hecho de que la maldad se desarrolle se debe únicamente a su práctica, el problema es que es tan tóxica que sólo la aparición de un caso malvado posibilita la proliferación de la cantidad de otros casos de la misma, o de mayor magnitud.
Por lo que se podría afirmar que tanto en el ámbito del desarrollo de la bondad como en el de la maldad, ambas necesitarían de la praxis para que se produzca su crecimiento.

Tras esto, he de decir que hay bastantes temas concretos de los que hablo en este escrito en los que quiero profundizar, por lo que este es el primero, pero no el único de los textos que van a dirigirse hacia este tema tan controvérsico, cabe desarrollar bastante más cada idea, pero considero que será mejor hacerlo en otros textos individuales y bien estructurados.

Para finalizar, me gustaría hacerlo con una pequeña conclusión en forma de cuento:

Oscuridad.

Nos hallamos en una habitación oscura, nada en ella produce destello alguno, la oscuridad lo inunda absolutamente todo. Estamos ciegos, no podemos caminar, pues no sabemos si nos dirigimos en el buen camino. No podemos escuchar, pues no existe el sonido entre tanta oscuridad. No podemos tocar, pues no existe nada a nuestro alrededor. No podemos sentir, pues no hay nada con lo que interactuar, ni un ápice de luz.
Algo se nos presenta justo delante, ¿Cómo es posible? Antes no podíamos ver. Cogemos lo que se nos ha aparecido, irradia luz y está caliente, es fuego. ¿Quién es el creador del fuego? Nos preguntamos. La naturaleza, nos respondemos. Si la naturaleza es la creadora del fuego, ¿Por qué me lo otorga? Para que lo lleves contigo, que despierte tu visión, ahora podrás ver. Que despierte tu tacto, ahora podrás sentir calor. Que despierte tu oído, ahora puedes distinguir el sonido de tus pasos. Que despierte tus sentimientos, ahora puedes contemplar el rostro de todos tus congéneres, aquellos que tienes delante.
¿Soy portador del fuego? ¿Y qué puedo hacer con él? Llevémoslo junto a nosotros, iluminemos este mundo desconocido, esta oscuridad que parecía eterna tiene sus días contados, pues nuestra existencia es su fin.

Luz.

Nos hallamos en una habitación fulgurosa, todo en ella son destellos. La luz lo inunda absolutamente todo. Podemos caminar libres. Somos capaces de verlo todo. Poseemos un oído virtuoso. Conocemos el tacto de todo lo que nos rodea. Vivimos durante años en un lugar así, y en momento de iluminación del alma, nos preguntamos algo. ¿Quién es el creador de la oscuridad? Ella no existe, y si existe, se halla muy lejos de aquí. Ah sí, en caso de que existiera, ¿Quién sería su portador y difusor? 

Nadie, pues sí es posible iluminar una sala oscura con una antorcha, pero es imposible oscurecer una sala luminosa, no hay artilugio en la naturaleza que te lo permita.



martes, 14 de octubre de 2014

Es difícil cabalgar hacia un infierno...

Es difícil cabalgar hacia un infierno
es complicado tener todo
y no tenerlo.

Cuan desgraciado es aquél 
que poseyendo
nada más tiene que dolor
y amargo tiempo.

Quiero olvidar las hojas rotas del otoño.
Quiero que el miedo se marchite caminando.
Que nadie avance hasta mi mundo oscuro y tierno,
que el tedio acabe destruyendo ya mi cuerpo.

Abandonados con el don de la esperanza.
Abarrotadas calles por las que avanza
un corazón, amigo y puro compañero
una razón por la que decir un te quiero.

Un beso amargo pero dulce y verdadero
algo insólito en la tiniebla del averno.
Algo maldito en el lugar donde el dinero
es el más duro, burdo y útil carcelero.

El que envenena, drena y sangra tus heridas.
El que rellena tu comida de herbicidas,
aquél que tu mente aniquila y asesina,
aquél que encuentras a la vuelta de la esquina.

Esa esperanza ya no avanza, ha menguado,
la oscuridad con ella ya ha terminado,
aquellos vanidosos un plan han trazado;
quemar tu vida y el producto trabajado.

Versos inútiles que vuelan, impasibles
gentes que no pueden pensar en imposibles.
Los hombres andan, desdichados y marchitos, 
mujeres gritan en sus casas maldiciendo,
haciendo ver que es su cuerpo aquello eterno
que no todos tienen derecho a conocerlo.
Que no por ver y contemplar algo tan bello
puedes tomar propia justicia y retenerlo.

Amedrentadas caras largas sólo veo,
personas rezan a aquél dios, creen conocerlo,
piensan que un único suspiro es todo el viento
capaces de responder todo, sin hacerlo.

Mentiras viajan ultrajadas por el tiempo,
mentiras mueren al pretender detenernos,
que jamás nazca otro dios en este cielo
que nunca vuelva a la tierra bendiciendo.

No necesitas una paz que te suscite
amor y gloria para aquel justo y valiente.
Sólo pretendes ser tu misma, alma creciente,
ojos que observan con esa mirada ardiente.

Un ser que actúa en reacción a lo que siente
un indomable corazón que siempre muerde,
es el que lucha contra todo y se resiente.

Pero a pesar de todas las malas corrientes
no se preocupa porque él nunca se pierde.

Carlos Manuel González Prieto

martes, 30 de septiembre de 2014

El concepto de empresa.

Bajo el yugo del sistema capitalista, aceptamos que se nos robe, que se nos esclavice, que se nos mienta y se nos confunda para tomar direcciones determinadas que luchan en pos de los intereses de otros privilegiados que se creen con el derecho a hacerlo.
Se nos confunde hasta tal punto que acabamos aceptando maniobras perpetradas por esos privilegiados, que realmente atentan contra el pueblo mismo.
En este texto explicaré una de esas maniobras, que no es nada más y nada menos que la empresa.

Considero que la mejor manera de analizar un concepto es hallando su naturaleza y juzgándola objetivamente, así que procederemos a hacer las verdaderas preguntas ¿Cuál es la naturaleza de una empresa? ¿Cuál es su objetivo en la sociedad? ¿Para qué se utilizan las empresas?
La naturaleza de una empresa es el beneficio propio, y éste se pone en práctica sin tener en cuenta a ningún otro individuo de la sociedad misma en la que se instaura. Viéndola desde este punto, la empresa realmente parece ya algo antisocial, pero rápidamente nos persuadimos de que esto es tan aceptado comúnmente que ni siquiera nos damos cuenta. Y esto es así por el simple hecho de que nos hallamos bajo ese yugo del sistema capitalista anteriormente descrito.
Cualquiera podría pensar que el hecho de que el beneficio propio sea el origen y naturaleza de una empresa es algo respetable e incluso bueno, ya que en muchos casos existen estas personas que, habiéndose tragado todos los principios y valores morales falaces que toman sus bases única y exclusivamente de los oscuros intereses de los privilegiados, viven su vida basándose en esos mismos principios y valores, y toman todo el tiempo de su vida frustrados por el hecho de que no son capaces de conseguir el éxito deseado.
Pensar que realizar algo únicamente por y para uno mismo, es algo respetable y bueno, sería equiparable a pensar que es algo bueno que un ladrón tome tus joyas por y para su enriquecimiento económico. Y es que no hay una gran diferencia entre lo que el empresario y el ladrón hacen, de hecho podrían considerárseles exactamente lo mismo, ya que tanto uno como otro utilizan la coacción para conseguir lo que quieren.

¿Dónde está la coacción?
Es algo muy simple, primero definiremos el concepto y después juzgaremos. Una coacción funciona de la siguiente manera: Existe un primer sujeto que tiene un interés en concreto, y dentro del cumplimiento de este interés, existe un factor determinante donde entra el segundo sujeto. El primer sujeto deja bien claro que si el segundo sujeto no hace cumplir los intereses del primero, las consecuencias para el segundo sujeto serán nefastas. Y esto es, obviamente, una falta absoluta de libertad, puesto que el segundo sujeto se ve condicionado por la causa que el primer sujeto le impone, impidiendo así que el segundo sujeto actúe conforme a su esencia. Esto aplicado al concepto de empresa actual se explica de manera muy sencilla. El proletariado está rodeado de ideas tales como que el trabajo dignifica, que es necesario, y que se trata de la aspiración de todo hombre, y a su vez, también se halla condicionado por una causa bien clara: Sin dinero no hay comida, y sin trabajo no hay dinero.
Todos conocemos bien qué es lo que ocurre cuando uno no se alimenta, ¿Verdad? Ese es el momento en el que hallamos la coacción; si un trabajador se niega a trabajar porque piensa que no es justo que la mayor parte de lo que produce sea acaparada por otra persona que, en muchos casos, ni siquiera conoce, se ve en la miseria más absoluta, y no sólo eso, sino que se vería en una situación de exclusión social.
En este caso, la causa de que el hombre trabaje no es otra más que el hambre, se ve condicionado absolutamente por la necesidad de él mismo y su familia, y actúa como actúa por el simple hecho de que, en caso de que se niegue, tanto él como sus familiares se encontrarán cara a cara con la miseria.

Ante esto que aquí expreso, cualquier liberal o capitalista podría decirme que en caso de que esto no fuera así, la tasa de vagos y maleantes aumentaría muchísimo, ya que viéndose alimentados y cómodos sin realizar ninguna tarea, no verían la necesidad de trabajar en nada, y dedicarían todo su tiempo al ocio.
Pero esto no es así, y suele ocurrir que el refrán "Se cree el ladrón que todos son de su condición." se cumple en este caso. El capitalista piensa en el ser humano como ente de naturaleza cruel y egoísta. Considera que el crecimiento del ser humano se ha visto impulsado por la necesidad y el egoísmo, y no por el amor y la solidaridad. Y sí, aceptémoslo, actualmente son ellos los que dominan este mundo, son ellos los que nos han insertado sus falsos valores que permiten que todos aceptemos un robo legítimo.
Pero la historia misma nos rebela que jamás hubiéramos salido adelante sin la cooperación y el apoyo mutuo, y más aún sabiendo que somos una especie completamente social.

Si la empresa misma es creada por y para uno mismo sin importar el de al lado, esto quiere decir que hay una degradación hacia el prójimo, ya que lo que tú puedas acaparar, dejará de formar parte de la posesión de ese otro individuo, y esto aplicado a un conjunto mayor, genera que la empresa monopolice los productos. Pero cualquier capitalista podría argüir que para eso está la competencia, y que para que una empresa no monopolice el producto, existen otras tantas que compiten con esta primera. Pero, como ya he dicho antes, este debate estaría obsoleto, ya que la naturaleza misma de la empresa es egoísta y antisocial, puesto que el simple hecho de la existencia de empresas significa un acaparamiento de los bienes. Al fin y al cabo, todos los productos generados por los trabajadores organizados bajo la empresa, resultan no dirigirse a cubrir las necesidades de esos mismos productores.

Las empresas compiten, pero mantienen una jerarquía en la que su director y explotador sigue realizando su trabajo, que no es más que el de explotar, la empresa misma es una de las causas de que existan en el mundo opresores y oprimidos. Ese director de empresa formaría parte indudablemente de los opresores, y es que su única función es la de mantener al proletariado sumiso y obediente, trabajando día a día por y para unos pocos, repartiéndoles las migajas a la mayoría, y llevándose todo el producto para sí mismos.

El impacto social que esto tiene es gigantesco, y sólo tenemos que movernos por el mundo en el que vivimos para darnos cuenta de ello.
Otro factor muy importante de la empresa es que no solamente busca el beneficio propio por encima de todo, sino que simple y llanamente busca el beneficio en sí, y nada más. Hablamos del hecho de que una sociedad deba amoldarse a los beneficios de unos pocos, y que esa misma sociedad sea la que produce esos beneficios. Y, hablamos también, de que la búsqueda del beneficio mismo por encima de todo, ignora por completo los intereses de esa misma sociedad que los produce. Es algo lógico el decir que toda empresa es un robo, pues el acaparamiento mismo de un producto que no hubiera sido posible sin la colaboración del trabajo en todas sus formas y épocas, significa un arrebatamiento de lo que a todos les pertenece.
Pero bien, ya que he mencionado la concepción de trabajo ateniéndome, no sólo a los factores inmediatos, es decir, los modos actuales de producción tales como la jerarquía, la mecanización y la automatización de las empresas, me gustaría profundizar más aún en el concepto histórico de trabajo con respecto a la manera de producir.

Se dice una verdad cuando se manifiesta la idea de que todos los productos se deben a una cadena invisible establecida por la sociedad. Ya que todo producto es el resultado de un trabajo en conjunto y en común. Me explico, sin la existencia de una organización social en la que se estructuren los distintos trabajos, y se haga posible la interacción entre los productos de los mismos (incluso en los que puedan parecernos completamente diferentes) no se podría llevar a cabo una estabilidad en la que la sociedad se viera abastecida por completo. Actualmente esta interacción es llevada a cabo mediante la moneda y el mercado, y de esta manera se está creando una desigualdad en la que sólo unos pocos tienen la capacidad de conseguir esos productos. En la estructura social de producción de la que hablo se hallan comprendidos todos los trabajos, desde el agricultor o el barrendero, hasta el astrofísico o el cirujano. Ninguno es algo sin el otro, puesto que todos se necesitan entre sí, cada uno realizando una función dentro de esa superestructura. Llevando aún más al extremo este caso, un astrofísico actual no podría serlo sin los investigadores que le preceden, pero de igual manera, no podría serlo sin los agricultores que les proporcionaron alimentos a esos predecesores y a él mismo. Por lo tanto, esta estructura siempre ha funcionado de la misma manera, pero las trabas que se le han impuesto no han sido más que impedimentos destinados al supuesto buen funcionamiento del mismo; todos los sistemas económicos que parecen tender de una manera cuasi fetichista al egoísmo y ambición de unos pocos.

En resumen, la empresa es otro de esos impedimentos que tiene como fin objetivos completamente contrarios al bienestar social, si la analizáramos desde el punto de vista de una manera organizativa podríamos considerarla contraria a este bienestar social debido a su jerarquía, cuya existencia es axiomática al mismo concepto de empresa, y se basa exclusivamente en los principios de autoridad. Basándose éstos a su vez en cuestiones autoritarias donde el mérito se mide en tanto a una serie de valores que se desarraigan del verdadero objetivo. (Bienestar social)


domingo, 14 de septiembre de 2014

Definición de los conceptos: ser, esencia, individuo y alienado.

Tras el pequeño escrito que escribí hace un tiempo, y que tiene mucho que ver con la filosofía, he llegado a la conclusión de que tengo que incluir esto, ya que debo establecer el significado de estos conceptos para desarrollarlos de manera que se pueda entender todo lo que manifiesto con mayor claridad. He de decir que los conceptos que utilizo no tienen que ver con ningún otro autor, o eso pretendo, de hecho, desconozco el hecho de que otro autor los haya utilizado, aunque fueran dedicados para otros fines.

Como ya he explicado, el objeto de mi texto es explicar y construir unos cimientos a mi filosofía, y considero que con el anterior texto, (Click aquí para verlo) me he adelantado relacionando apresuradamente los conceptos de ser y esencia con el concepto de libertad. Aunque también considero que en este texto anterior se ha podido comprender en gran medida lo que estos dos significan, y por tanto, su comprensión es sencilla.
De cualquier forma, comenzaré con la explicación de estos dos conceptos y añadiré otro más que creo muy necesario.

Al tener en cuenta estos dos conceptos no me he persuadido de que he tratado el concepto de ser como la aplicación de los dos en conjunto, y esto puede dar lugar a equivocaciones, por lo que ahora a esto le llamaremos individuo. Anteriormente (dándome cuenta del problema que tiene el término: ser), intenté resolver este problema tratando de denominar al conjunto de estos dos conceptos como: Ser consciente. Pero me he dado cuenta de que no es buena idea tratar con la misma palabra (añadiéndole únicamente un adjetivo)  a lo que es la confluencia de dos términos. Por lo que considero que el término individuo es lo que más se acerca a lo que realmente quiero referirme. Además de añadir este término, me veo en la obligación de añadirle el contrario, pues para explicar la ausencia de alguno de estos dos conceptos (ser e individuo), es necesario aplicarlo, ya que no podríamos afirmar que éste se tratara de ningún concepto concretado anteriormente, por lo tanto, llamaremos al contrario de individuo, alienado. Dicho esto, procedo a explicar cómo estos interactúan entre sí.

1. Definición del concepto ser.

El ser es la parte física que forma al individuo. La naturaleza de éste es la existencia en el mundo material, el mundo de lo tangible, además, se ve influenciado siempre por la esencia, siempre debe albergar una esencia sin importar cuál sea, sin la existencia de una esencia a la que seguir, el ser se automutila, sufre, y en la mayoría de los casos tiende al suicidio.
El ser es un concepto indispensable para la existencia del individuo, pues actúa como un puente entre lo que se piensa, y lo que se practica. El ser otorga la capacidad al individuo de interactuar con el mundo tangible.

2. Definición del concepto esencia.

La esencia es la parte intangible del individuo, forma parte de lo que no existe en el mundo físico. La esencia está formada por sueños, ideas, aspiraciones, esperanzas, reflexiones, conclusiones, conceptos... La naturaleza de la esencia es la de albergar un ser. La existencia de la esencia es imposible sin la aparición del ser, por ende, si la esencia no alberga un ser, ésta muere. Lo que ocurre cuando un individuo es sometido a otra esencia, es que, además de convertirse en un alienado, la esencia que le pertenecía anteriormente, muere. La muerte de una esencia es irrevocable, y esto no significa que, al perder un ser su esencia, y por ende, convertirse en alienado, éste no sea capaz de volver a tornarse en individuo, pero la esencia anterior no sería recuperada, sino que éste albergaría una nueva.
Por otro lado, una esencia puede albergar varios seres, de hecho, éste caso es ilimitado, por lo que podríamos decir que una esencia podría residir en todos los seres del universo, permaneciendo inmutable.

3. Definición del concepto individuo.

Un individuo está formado por la convergencia entre ser y esencia. Un individuo como tal se caracteriza por seguirse a sí mismo, es decir, seguir a su esencia. Otra de sus características es que él mismo es consciente de él mismo y su entorno. El individuo interactúa con el entorno siempre por medio de su esencia, haciendo así que las reacciones ante éste, no sean más que elecciones hechas por él mismo en el camino hacia su esencia. El entorno propone sus opciones a elegir, pero el individuo mismo puede elegir no seguir ninguna de ellas, aunque esto tuviera consecuencias fatales, pero aún así, éste no se hallaría ante ningún tipo de coacción, incluso en última instancia.


4. Definición del concepto alienado.

Un alienado es aquél que habiendo sido anteriormente individuo, se le ha arrebatado su esencia y se le ha sometido a otra diferente, otra que puede formar parte de otro individuo. Existen alienados prácticamente de nacimiento; que toman otras esencias sin atenerse a la suya propia, y enfocan su vida hacia el camino de las esencias de otros. Por lo tanto, un alienado es por definición, aquél que siendo (concepto de ser), carece de esencia propia y sigue a las ajenas a él mismo.