Ya no quiero ser filósofo, el pensamiento no alcanza, pero tampoco las palabras.
No puedo delimitar aquello desbordante por naturaleza.
No cabe, no alcanza; es insuficiente.
Por eso callo.
Porque el silencio es lo que define una inmensidad que se niega a ser medida.
Porque en esta alma no hay símbolo ni significado que haga honor a su medida.
Porque el acto mismo de medir es herejía.
Al igual que un beso no es contacto entre dos labios,
ni un abrazo lo es tampoco entre dos cuerpos.
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